Hipótesis y ensayo para alumnos ‘pro’

     

    Medio millar de alumnos superdotados de la ESO potencian sus habilidades científicas con talleres basados en la experimentación
    FUENSANTA CARRERES | MURCIA

    17/02/16.  Alumnos de altas capacidades en el laborotorio de jesuitinas
    17/02/16. Alumnos de altas capacidades en el laborotorio de jesuitinas

    No hay libros de texto, tarimas ni apuntes. En su lugar, una col lombarda triturada, lejía y amoniaco, probetas y hornillos para calentar líquidos. Por no haber, no hay ni tema que estudiar esta tarde, y casi se diría que tampoco hay profesor en el aula. Javier Esparza no se ajusta al estereotipo de maestro. Químico, investigador y docente, se asemeja más a un mago que hipnotiza a los escolares, los 32 estudiantes de altas capacidades que siguen su taller de ciencia. Les reta sin descanso, les desafía a experimentar, a plantear hipótesis, a ensayar, a equivocarse y a acertar. Y termina haciendo magia, y convirtiendo a los estudiantes en los protagonistas de un aprendizaje experimental al que acaban por engancharse.

    No son conscientes de ello, pero los 32 escolares que participan en el taller científico para estudiantes superdotados de segundo de la ESO del colegio Santa María de La Paz están desarrollando, sin querer ni darse cuenta, su potencial infinito para el aprendizaje científico. La de ayer era su primera sesión -de tres horas, cada dos semanas- del taller diseñado por Esparza, Marta Sanz y Mercedes Ferrando, del equipo de Investigación y Altas Habilidades de la Universidad de Murcia que dirige la catedrática María Dolores Prieto. Tras el desconcierto inicial de convertirse en los protagonistas de sus progresos, de plantear las preguntas y las respuestas, los estudiantes entran al trapo y comienzan a disfrutar por experimentar, con sus propias manos y su intuición, hasta llegar al conocimiento.

    Fabricar golosinas y teñir con cebolla para desarrollar el talento investigador
    «¡Qué ‘pro’!, ¿lo puedo grabar con el móvil?», interrumpe entusiasmado Lucas, uno de los estudiantes, todos de entre 14 y 15 años, mientras dos de sus compañeras comprueban como la presión evita que el agua del tubo vuelto del revés caiga al suelo. Antes, ha sido él quien ha tenido que decidir, tras disolver lombarda triturada en cuatro recipientes con agua, lejía, salfumán y vinagre, de cuál beber.

    Alicia no pierde ripio. No es buena estudiante, admite, porque las clases no le motivan demasiado. «Ésta sí; al menos nos dejan libertad para descubrir las respuestas por nosotros mismos», dice encantada. El rendimiento académico de Miguel Ángel sí está en consonancia con las expectativas que suscita su talento, algo que no siempre ocurre entre los superdotados. Aun así, daría lo que fuera porque todas las clases fueran como la de ayer. Esparza y sus compañeras logran mantener el interés de los estudiantes durante las tres horas, pero no hay truco ni atajos. Sí mucho trabajo e investigación para idear las sesiones, que se desarrollan siguiendo rutinas similares a las de cualquier grupo de investigación: observación, predicción, planteamiento de hipótesis, experimentación, evaluación y evidencia. «Puedes llegar hasta donde quieras con ellos, son buenísimos. Si logras motivarles, no tienen tope», cuenta entusiasmado con su trabajo Esparza, quien desarrollará el taller, financiado por la Fundación Séneca y el Ministerio de Educación, durante todo el curso con otros cuarenta estudiantes.